Mostrando resultados de los sentidos

¿Es oro todo lo que reluce?
16 de junio de 2010, editado por Ana Sanchez-Blanco Martin-Artajo

CATEGORIAS: Imagen de precioValor percibido
 
¿Qué criterios utilizamos para la selección de un vino?

 
¿No os habéis encontrado dando paseos por el lineal lleno de botellas sin saber cual elegir?  Si es para una cena con amigos, normalmente compras el vino que ya conoces para no meter la pata y que sea un poco caro para quedar bien.....

Cuando no conoces las marcas, lo normal es que se piense que si cuesta más de 10€ será bueno, porque cuanto más caro más bueno ¿o no?
 

 
 
Nestor Braidot cuenta en su libro sobre Neuromarketing, una investigación llevada a cabo por Plassman, que tenía entre sus objetivos analizar los efectos de determinadas acciones de marketing en la actividad neuronal.

El estudio se basó en la presentación de una muestra de vinos con sus correspondientes precios a diversos participantes, en quienes se midieron los niveles de agrado mientras sus cerebros eran escaneados con resonancia magnética funcional (fMRI).  A medida que los precios iban incrementándose, los participantes manifestaron mayor agrado, revelando una relación directamente proporcional: a mayor precio, mayor actividad neuronal en las áreas vinculadas al placer y la recompensa.

Este experimento demostró que, independientemente de las características físicas del producto que se estaba probando, la actividad neuronal aumentaba cuando los participantes creían que estaban tomando vinos más caros, revelando que un factor psicológico - el precio - no relacionado con la sensación real del gusto, afectaba directamente la percepción de agrado y los predisponía a pagar un mayor precio.

Según escribo sobre esto, me viene a la cabeza una anécdota divertida.  Mi amiga Olga se quedó sin vino para cocinar y fue a la despensa a ver cuál de las botellas que había por casa, podía utilizar para echar un chorrito a su guiso. En ese momento le hubiera venido muy bien que la botella que eligió hubiera tenido el precio colgando, ya que escogió una botella cuyo nombre no le sonaba de nada y por la etiqueta - sencillita - pensó que no sería muy bueno.

Cuando su marido llegó a casa y vio la botella que estaba abierta al lado de la cacerola, casi le da un ataque. Olga había elegido para cocinar, nada menos que una botella de PINGUS (700€) que le habían regalado en navidad y la tenía como el mayor tesoro de su bodega. ¡Lo que hace la ignorancia!  Tras el disgusto inicial (lo que farda tener una botellita de esas en casa ¿eh?) y la pertinente bronca a su mujer, Rafa decidió ahogar sus penas consumiendo lo que quedaba, ya que estaba abierto.  El alcohol y el buen vino hicieron que el cabreo se pasara y la noche terminara felizmente :))

No he tenido la suerte de probar el famoso Pingus pero, ¿cuánta gente diría que es un vino excelente si costara 5€?  ¿Cuántas cosas no valoramos porque desconocemos su precio? Por no hablar de ese jarrón horrible de la abuela, que nadie quería en su lote de la herencia y que se convierte en lo más codiciado  cuando al hacer la tasación nos dicen que está valorado en 60.000€..... C'est la vie.

 


Experiencias del mas alla
8 de junio de 2010, editado por Ana Sanchez-Blanco Martin-Artajo

CATEGORIAS: Neuromarketing practico

 

Hoy os voy a contar un interesante experimento realizado en Edimburgo, por el psicólogo Richard Wiseman, que nos demostró el poder que puede tener  la imagen de un rechoncho y sonriente bebé.
 

240 carteras (billeteros) fueron tiradas por distintas calles de Edimburgo, como si alguien las hubiera perdido. En dichas billeteras incluyeron, además de datos de contacto, tickets, resguardos, etc.., una foto. Eligieron varios tipos de fotos para el experimento:
 

1.       Un bebe sonriente
2.       Un cachorrito 
3.       Una familia feliz
4.       Un matrimonio anciano
 
El 42% de las billeteras fueron devueltas. Pero lo interesante no es eso sino lo que os cuento a continuación: El 88% de las carteras devueltas, fueron las que contenían una foto de bebé. El 53% tenían la foto del perrito, el 48% la  foto de familia y sólo un 28%, las del matrimonio de ancianos.
 

 
La imagen de un bebé despierta sentimientos de ternura, cuidado y protección, que hace que nos volvamos más generosos y altruistas. Quienes utilizan imágenes de bebés en su publicidad lo hacen con razón:   experimentos neurológicos demuestran que el cerebro humano está programado para responder muy positivamente a imágenes de bebés y por eso muchas veces se utiliza, aunque no venga mucho a cuento. 
 
Me parece lógico que las fotos de bebés inspiren ternura, pero que las que peores resultados dieran fueran  las de la pareja de ancianitos me da una pena horrible.  ¿En qué mundo vivimos?  ¡¡¡Mucho menos resultados que con la foto de un perro!!! Pobres abuelos. ¿Qué sentimientos inspiran los ancianos?  
 
Un amigo nos comentó durante una cena que la última vez que fue a un TANATORIO vio una revista en las mesas que se llamaba “Adiós”.
Me pareció muy gracioso pero no me lo creí, me parecía demasiado alucinante y, como llevábamos varias kaipiroskas encima, pensé que el alcohol había hecho de las suyas pero  ES CIERTO AUNQUE PAREZCA INCREIBLE. Lo he comprobado. No sólo existe, sino que los temas que tratan son espeluznantes : cráneos impostores, cadáveres singulares, secuestro de cadáveres… Si el tema no os da YUYU, podéis profundizar en los contenidos visitando  su web http://www.revistaadios.es/revista.asp,  descargar la revista en pdf y poder ver por ejemplo la publicidad de "Ataudes MADERÓN", los ataudes ecológicos. No tiene desperdicio.

 

 
Por lo visto, las envían por correo postal a geriátricos y residencias de ancianos.    Esto que es: ¿técnicas de neuromarketing para futuros muertos? Si la foto de un bebé te inspira sentimientos altruistas de cuidado y protección ¿qué tipo de sentimiento inspiran estas revistas cuando las ves en un tanatorio mientras velas la muerte de un familiar? ¿y cuando estás en una residencia internado y te las dejan como quien no quiere la cosa encima de la mesilla? POR FAVOR, un test de neuromarketing YA!!!!!  

Porque yo lo valgo
23 de mayo de 2010, editado por Ana Sanchez-Blanco Martin-Artajo

CATEGORIAS: Valor percibido
En el último post os adelanté que hay ocasiones en las que elegir un tipo de letra más complicada y un lenguaje rebuscado, podía ser más rentable.
 
 

Me explico:

¿Qué pensaríais al leer la carta de un restaurante en la que pusieran:
 
HUEVOS FRITOS CON PATATAS Y MORCILLA      20€

Pues seguramente pensaréis, que es un timo de restaurante. Pero ¿y si pusieran?
 


 
Yo por lo menos pensaría: "Mmm, que pinta tan buena tiene este plato! Lo voy a pedir".
 

 
En los restaurantes buenos – perdón, caros – no se puede justificar el alto precio de los platos a no ser que los adornes con una escueta carta, con letra cursiva y largas descripciones en papel cebolla sobre cartulina gris, tengas decoración minimalista y luces muy tenues (si, de esas que te impiden leer la carta medianamente bien).
 
Está claro que ese plato no cuesta más de 8 €, pero EL VALOR PERCIBIDO POR LOS CLIENTES, es mucho más alto. Influye la decoración, la presentación, la carta, y si el camarero te habla con un acento raro….mejor. En ese caso estás dispuesto a pagar más porque tu cerebro te está mandando señales: éste sitio es fashion, estás a la última, tú tienes clase y sabes elegir lo que es bueno.  Es caro pero no importa.
 
Lo mismo sucede con las ETIQUETAS DE PRECIO de la ropa. Cuanto más barato es el producto, más grande es la letra, más llamativa y menos dependientas hay para atender tus posibles dudas. Sin embargo, cuando vas a una tienda cara, es difícil encontrar el precio, las dependientas persiguen con los ojos cada uno de tus movimientos y como te vean tocar una prenda del perchero, enseguida se acercan y te dicen lo estupenda que vas a estar con ese vestido ideal. “Pruébeselo porque a usted le va a quedar precioso”. Cuando sales del probador te enteras de que “sólo” cuesta 250€ (y para colmo hay que llevarlo al tinte cada vez que te lo pones).
 
Mi cerebro tiene ya registrado estos códigos por la experiencia acumulada a lo largo de los años y la razón y la emoción van juntas de la mano: “Me están timando, pero lo acepto”. Sería el equivalente a ese eslogan que me encanta y que para mí es un acierto total: “PORQUE YO LO VALGO".
 
Sin embargo, hay una ocasión en la que no entiendo el desfase entre el mensaje publicitario y el precio: LAS OFERTAS DE EMPLEO 
 
PUESTO: Online Marketing Manager (uuuffff que puestazoooo,  tiene un título chulo por lo menos!)

DESCRIPCIÓN DEL PUESTO: (esta lista de tareas no la describo porque es larguísima: imaginaos todas las tareas posibles)
 
REQUISITOS: Licenciado en ADE o Económicas y postgrado en Marketing y comercio electrónico. 5 años de experiencia.  Profundo conocimiento del mundo online y de las herramientas para la producción y análisis.
 
IDIOMAS: Ingles bilingüe y deseable conocimientos de francés.
 
RETRIBUCIÓN (aquí viene lo bueno): 21.000€ brutos/año (esto sería el equivalente al PRECIO en el comercio).
 
Aquí es donde se me rompen los esquemas.  De acuerdo que estamos en crisis pero…… ¿No podría haber una concordancia entre lo que se pide y lo que se paga? En estos casos el valor percibido es, en la descripción del puesto, altísimo.  Pero el valor real, bajísimo
 
¿No sería mejor, o por lo menos más sincero?:
 
Si eres experto en marketing online, llámanos. Te necesitamos en nuestra empresa. No pagamos mucho, pero trabajarás en una buena empresa, vas a divertirte y a aprender un montón.

Mejor las cosas claras :)


 

Think smell
30 de abril de 2010, editado por Ana Sanchez-Blanco Martin-Artajo

CATEGORIAS: Aromarketing
La influencia de los olores en la motivación de compra.
 
 
¿Quién se resiste al aroma de un café recién molido? Incluso cuando no lo olemos pero vemos la imagen de una persona oliendo una taza de café nos imaginamos lo bien que huele. Seguro los que me estáis leyendo estáis asociando ya el olor del café y a algunos os apetecerá  prepararos una taza en cuanto terminéis de leer.  La mayor parte de las personas tenemos asociados ciertos olores con vivencias (agradables o desagradables) que permanecen en nuestro cerebro y activan nuestros recuerdos predisponiéndonos  a la compra.

 

 
 
Ayer pasé por delante de una tienda de IMAGINARIUM y la zona olía a polvos de talco. No sé si era una acción de marketing voluntaria pero rápidamente mi cerebro lo asoció a niños pequeños y me entró nostalgia al acordarme de lo ricos que eran mis hijos antes de entrar en la adolescencia.  No quiero decir que ahora huelan mal –zapatillas deportivas aparte - pero realmente el aroma de un bebé me activa el instinto maternal.  No entré en la tienda a comprar porque no soy su público objetivo en este momento de mi vida, pero me arrancaron una sonrisa y ahora siempre me gusta pasar por delante.

El aromarketing - no sé si el término es técnicamente correcto pero a mí me gusta – es clave para despertar en los consumidores sus recuerdos y hacer que un producto o marca te sea familiar y sientas cercanía y apego. Todos tenemos en nuestro cerebro registrados el olor de nuestros seres queridos, el olor a cera, a tardes de chimenea, el jabón de la abuela, los guisos de nuestras madres, a toallas limpias y evidentemente olores que no nos gustan y que nos producen rechazo.
 
Las técnicas de marketing olfativo pueden hacer incrementar enormemente nuestras ventas en los comercios. Nadie negará que cuando pasas por el supermercado a última hora de la mañana y te llega el olor a pollos recién asados, te acercas al mostrador a ver qué pinta tienen y seguramente acabas comprando.   Si ese mismo olor te llega a una hora que no es la adecuada (a primera hora de la mañana o después de comer), te produce disgusto porque no tienes hambre. Incluso hay tiendas en las que no hornean el pan ni los bollos porque los traen ya horneados pero misteriosamente la tienda despide un aroma que te hace entrar a comprar.


Todo esto venía porque LA RAZÓN, mi hemisferio izquierdo, me empuja a comprar el NUEVO E-BOOK por práctico, cómodo, ecológico, etc. pero LA EMOCIÓN ME LO IMPIDE (y el precio también, claramente). Necesito la emoción de entrar en la librería, coger libros, tocarlos, ojearlos, olerlos, salir tan contenta con mi libro debajo del brazo y estar deseando llegar a casa, sentarme en el sofá y comenzar a leer. 

Todas esas sensaciones que tengo asociadas a los maravillosos momentos que me ha ofrecido la lectura a lo largo de mi vida, NO LAS VOY A SENTIR con los e-books. Veo un aparato frío, que no me dice nada ni huele a nada. Me gusta ver cómo avanza mi marca-páginas a lo largo de los días, ver cómo el libro pasa de estar nuevo y reluciente, a tener ese aspecto de novela leída y disfrutada y cuando lo termino, me encanta buscarle  el sitio más adecuado en mi librería. ¿Qué va a ser de todas esas sensaciones? ¿Las perderé? ¡¡Incluso estoy segura que no me van a gustar tanto las novelas!!  ¿Harán las marcas aromarketing para que los E-books huelan a libro?

 

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