MAY23
Porque yo lo valgo
23 de mayo de 2010, editado por Ana Sanchez-Blanco Martin-Artajo
CATEGORIAS:
Valor percibido
En el último post os adelanté que hay ocasiones en las que elegir un tipo de letra más complicada y un lenguaje rebuscado, podía ser más rentable.
Me explico:
¿Qué pensaríais al leer la carta de un restaurante en la que pusieran:
HUEVOS FRITOS CON PATATAS Y MORCILLA 20€
Pues seguramente pensaréis, que es un timo de restaurante. Pero ¿y si pusieran?

Yo por lo menos pensaría: "Mmm, que pinta tan buena tiene este plato! Lo voy a pedir".

En los restaurantes buenos – perdón, caros – no se puede justificar el alto precio de los platos a no ser que los adornes con una escueta carta, con letra cursiva y largas descripciones en papel cebolla sobre cartulina gris, tengas decoración minimalista y luces muy tenues (si, de esas que te impiden leer la carta medianamente bien).
Está claro que ese plato no cuesta más de 8 €, pero EL VALOR PERCIBIDO POR LOS CLIENTES, es mucho más alto. Influye la decoración, la presentación, la carta, y si el camarero te habla con un acento raro….mejor. En ese caso estás dispuesto a pagar más porque tu cerebro te está mandando señales: éste sitio es fashion, estás a la última, tú tienes clase y sabes elegir lo que es bueno. Es caro pero no importa.
Lo mismo sucede con las ETIQUETAS DE PRECIO de la ropa. Cuanto más barato es el producto, más grande es la letra, más llamativa y menos dependientas hay para atender tus posibles dudas. Sin embargo, cuando vas a una tienda cara, es difícil encontrar el precio, las dependientas persiguen con los ojos cada uno de tus movimientos y como te vean tocar una prenda del perchero, enseguida se acercan y te dicen lo estupenda que vas a estar con ese vestido ideal. “Pruébeselo porque a usted le va a quedar precioso”. Cuando sales del probador te enteras de que “sólo” cuesta 250€ (y para colmo hay que llevarlo al tinte cada vez que te lo pones).
Mi cerebro tiene ya registrado estos códigos por la experiencia acumulada a lo largo de los años y la razón y la emoción van juntas de la mano: “Me están timando, pero lo acepto”. Sería el equivalente a ese eslogan que me encanta y que para mí es un acierto total: “PORQUE YO LO VALGO".
Sin embargo, hay una ocasión en la que no entiendo el desfase entre el mensaje publicitario y el precio: LAS OFERTAS DE EMPLEO
PUESTO: Online Marketing Manager (uuuffff que puestazoooo, tiene un título chulo por lo menos!)
DESCRIPCIÓN DEL PUESTO: (esta lista de tareas no la describo porque es larguísima: imaginaos todas las tareas posibles)
REQUISITOS: Licenciado en ADE o Económicas y postgrado en Marketing y comercio electrónico. 5 años de experiencia. Profundo conocimiento del mundo online y de las herramientas para la producción y análisis.
IDIOMAS: Ingles bilingüe y deseable conocimientos de francés.
RETRIBUCIÓN (aquí viene lo bueno): 21.000€ brutos/año (esto sería el equivalente al PRECIO en el comercio).
Aquí es donde se me rompen los esquemas. De acuerdo que estamos en crisis pero…… ¿No podría haber una concordancia entre lo que se pide y lo que se paga? En estos casos el valor percibido es, en la descripción del puesto, altísimo. Pero el valor real, bajísimo
¿No sería mejor, o por lo menos más sincero?:
Si eres experto en marketing online, llámanos. Te necesitamos en nuestra empresa. No pagamos mucho, pero trabajarás en una buena empresa, vas a divertirte y a aprender un montón.
Mejor las cosas claras :)
Mejor las cosas claras :)

20
Etiquetas:
compra por impulso,
compra racional,
exclusividad
Votación total: 10.0/10

